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LO IMPORTANTE ES LA VIDA

 

Aunque os recomiendo que veáis el video, hago un resumen de los diez consejos:

  1. Pregúntate por qué quieres escribir. La respuesta te mostrará qué tipo de escritor eres.

  2. Lee mucho (pero analizando lo que lees). Escribe mucho.

  3. Aprender a encestar: estar dispuesto a desechar lo malo.

  4. Copiar los buenos recursos de otros escritores (no los argumentos, ojo).

  5. Ir poco a poco.

  6. Trabajar en las tres columnas fundamentales de toda buena novela: la prosa, la estructura narrativa y el diseño de personajes.

  7. Corrige, corrige, corrige. Y, después, corrige.

  8. La prueba de los otros: pásalo a gente de confianza.

  9. Persevera.

  10. Prepárate a aceptar que no eres escritor: lo importante es la vida.

Traigo estos diez consejos del maestro Mallorquí porque me parecen imprescindibles. Sobre todo el último, que yo pondría el primero: lo importante es la vida. Aunque no es ese exactamente el consejo, sino que uno debe de estar preparado para aceptar que no es escritor.

Ya sé que es tergiversar un poco el mensaje de Mallorquí, pero aunque todos soñemos cuando empezamos a escribir con convertirnos en reconocidos, afamados (y ricos) escritores, creo que sabemos que somos hormiguitas obreras y que lo que importa es el día a día. Salvo algún megalómano con problemas que exceden este pobre blog, no creo que haya mucha gente que empiece a tocar la guitarra con la idea de que o es Paco de Lucía, o nada: a tomar por culo la bicicleta.

Insisto en que no quiero llevar la contraria, solo añadir que escribir es vivir también. Y una obviedad: que es imposible tener nada interesante que decir si no se vive, antes o durante.

Para todos los que soñamos con ser escritores profesionales este alegato a favor del realismo, de no obsesionarse y no poner todos los huevos en la misma cesta, que decía mi abuela, nos viene al pelo. Hay que saber aceptar las negativas, los rechazos. Aprender a tolerar la frustración. Y llegado el momento, por qué no, puede ser necesario que aceptemos que el sueño no se cumplirá. Escribir exige soledad, retiro: ese es el peligro. Que el sueño nos aísle y nos convierta en seres huecos, rellenos de letras que no dicen nada, seguramente desgraciados.

Así que opino que en el fondo ambas cosas están comunicadas: si vivimos no nos será tan difícil aceptar que una parte de nuestros sueños no se cumplan. Y, aún así, es posible que escribir siga siendo un acto placentero, profundo y enriquecedor. (Lo mismo que pintar, que bailar, que tocar el piano, que apuntarse a un grupo de teatro o que jugar al tenis…).

Así que me tomo la libertad de poner en primer lugar ese último consejo: primero hazte consciente de que estás viviendo. Aprovecha las oportunidades, vívelas, y anota en tu mente los detalles hasta que puedas sentarte a escribir. O lleva ese cuadernito imprescindible. Pero vive. Primero vive.

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