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LA CONSTRUCCIÓN DE PERSONAJES (I)

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Además de la estructura y del estilo, el tercer pilar fundamental que sustenta a las buenas novelas es la construcción del personaje.

Los personajes, no descubro nada nuevo, son funciones dentro del texto. Es decir, existen porque tienen una función que llevar a cabo: servir de agentes para que podamos contar la historia. Espero que nadie se ofenda por esta visión utilitaria de estas personitas (pues terminan por tener una verdadera vida que traspasa el papel, en el mejor de los casos, y se instala en el imaginario individual o colectivo). Me parece importante que cuando planteamos una novela pensemos así.

Esto quiere decir que al igual que seguro que nos damos cuenta, por bisoños que seamos, de que es importante tener un buen argumento, sólido, en el que los cabos queden atados; al igual que somos capaces de entender que la historia debe estar bien narrada, con una buena estructura; al igual que no nos cabe la menor duda de que la prosa debe ser, cuanto menos, correcta (salvo los que con mucho cinismo apelan a la figura del corrector de estilo y se atreven a mencionar a Gabo, como ejemplo con el que compararse, que haberlos haylos) al igual que todo lo anterior, como iba diciendo, debemos entender que es vital una buena construcción de los personajes. Y no solo hacer que se muevan como locos de aquí para allá, que digan lo que el lector tenga que saber, o que les pasen desgracias o sueños de amor y lujo.

En primer lugar, necesitamos escoger un protagonista a la altura, un personaje más grande que la vida (como decía Albert Zuckerman). Y luego entender bien qué va a pasar en la novela y qué agentes tendremos que incluir para poder desarrollarla con éxito.

Aquí viene la pregunta del millón: ¿preparados?

¿Qué es tener éxito con una novela? (Elige una o más opciones)

  1. Ganar un importante premio literario, tipo Planeta.
  2. Ganar un importante premio literario, tipo Nobel.
  3. Conseguir un contrato con un agente literario de esos que sacan las uñas por ti y te alojan en su casa y te hacen hasta la comida y la cama para que puedas concentrarte en escribir.
  4. Vender mogollón de libricos y forrarse.
  5. Salir en las tertulias de la tele, por polémicos, descarados, pornográficos o porque nos metemos con la monarquía, con la Iglesia, etc.
  6. Que los críticos serios te pongan de moda y ganes premios de esos sin dotación, y todos digan que ya tienes un hueco en el CANON .
  7. Conseguir que te publiquen.
  8. Lograr que la mayoría de los lectores que empiecen su lectura lleguen hasta el final sin esfuerzo y hasta con ilusión.

Yo he marcado la 5.

Es broma.

Para mí la primera de todas, desde el punto de vista del que quiere ser un buen escritor (aunque también quiera ser otra cosa: tertuliano, por ejemplo, o Rockefeller), es la opción 8.

 Os la repito:

“Lograr que la mayoría de los lectores que empiecen su lectura lleguen hasta el final sin esfuerzo y hasta con ilusión”

Éxito es conseguir crear lo que John Gardner (gurú de gurúes en lo que a escritura creativa se refiere, y de quien hablaré mucho; pero mucho, casi más si hubiera sido mi novio) llamaba el sueño de la ficción. Seguro que lo has sentido: eso que se produce con las buenas novelas, que desde las primeras palabras te sumerges en la historia sin que nada pueda sacarte de ella mientras lees. E incluso luego, cuando estás en el trabajo y no puedes dejar de pensar en el prota y en su conflicto, y estás deseando regresar a casa y enganchar el libro.

A eso me voy a referir aquí cuando hable de triunfar con una novela.

¿Significa esto que todo lo demás, lo del Planeta, el Nobel, el canon, el sálvame, etc., está mal o me parece mal? Pues claro que no. Es más: diría que en muchas ocasiones los que han llegado a lo anterior es porque, por h o por b, han conseguido escribir alguna novela que de esas que no podemos soltar.

 ¿Tú también te has dado cuenta de que me he ido de tema? Estaba hablando de los personajes. Para escribir una de esas novelas lapa hay que elegir buenos personajes.

Los buenos personajes son aquellos que resultan necesarios y convenientes para contar nuestra historia. Deben reunir las características adecuadas para resultar verosímiles en el papel que les demos. Por ejemplo, si en un golpe de gracia se te ocurre la idea de un jovencito que adquiere superpoderes porque le pica una araña radiactiva, lo que le transformará en un superhéroe dispuesto a salvar a la humanidad, aún a costa de su propia vida, este jovencito tendrá que demostrar desde el principio que puede ser valiente, heroico, generoso, audaz, etc. Ojo que he subrayado eso de que puede ser, porque el personaje puede no serlo del todo en el comienzo, y sí al final: el cambio del personaje es uno de los elementos fundamentales de toda buena novela. Pero aunque narrar este cambio sea casi nuestro objetivo, la potencialidad para el mismo debemos construirla desde el principio, a través de indicios. Hablaremos más, mucho más, de esto.

Entonces, y para ir al grano, para dar un par de pinceladas en cuanto a la creación de personajes, diré que si queremos tener éxito con nuestra novela tendríamos que pensar entre otras cosas en:

  • Un/a prota carismático, con un conflicto poderoso e interesante, o una posición interesante con respecto al conflicto principal. Con sus virtudes y defectos, una biografía verosímil que lo sustente, un deseo y algunas contradicciones.
  • Una colección de secundarios vivos, construidos con las pinceladas justas y necesarias; conscientes de su función, que sean útiles para nuestra historia antes que para nuestro ego/capricho. Aunque si pueden satisfacer a ambos, mejor que mejor, que tampoco estamos aquí para sufrir.

 Continuará…

¿Tienes dificultades con tus personajes? Déjame un comentario.

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